martes, 22 de mayo de 2018

LA CASA DE LOS CONEJOS - Reseña




conejos
"Mi padre y mi madre esconden ahí arriba periódicos y armas, pero yo no debo decir nada. La gente no sabe que a nosotros, sólo a nosotros, nos han forzado a entrar en guerra. No lo entenderían. No por el momento al menos", dice una niña de apenas siete años. Es 1975, y ella vive en La Plata con su madre, que debe evitar la calle: tiene pedido de captura y su foto aparece en los diarios. Son tiempos funestos. Hace poco se mudaron de vivienda, y para la niña será un cambio radical: descubrirá el secreto, el encierro, y luego el miedo.

En el nuevo hogar se crían y venden conejos. Ésa es la fachada pública, porque en verdad es una casa clandestina de Montoneros, una de las más sensibles . Allí dentro los nervios y la ansiedad se aplacan  limpiando pistolas y fusiles, acomodando granadas, o en mateadas fugaces y amenas. Los compañeros ya mueren o desaparecen en las calles y cada semana el ambiente se degrada. La infancia de esa niña declina con terror de los adultos, con frases cargadas de ira, de una lógica que no logra descubrir y que la apremia. Su inocencia se evapora al mismo tiempo que la Argentina se hunde con violencia.


La casa de los conejos narra de manera ejemplar y emocionante esa odisea; la de alguien que ve cómo avanza el cerco de la muerte, y un día descubrirá que esas marcas, aquellos aromas, una sonrisa, un momento de pánico, se han vuelto parte esencial de su pasado. Y también de su presente.  
¿Desde dónde escribe Alcoba? Simplemente desde sus recuerdos, reconstruye un capítulo, de los finales, de la historia de la militancia montonera. Es el testimonio de su experiencia. Su punto de vista puede ser cuestionado, pero no se puede ser indiferente ante la visión de una niña envuelta en el humo del fuego sangriento de ese entonces. Sus palabras tienen el valor de la pieza faltante, de la voz que complementa, aunque otras disientan con ese ojo de niña recuperado desde la adultez. 
Walter Benjamin había pensado que existe la experiencia cuando la víctima se convierte en testigo. Laura Alcoba fue víctima testigo. Allí reside la importancia y singularidad de su testimonio. Nadie puede contar lo que pasaba en esa casa como ella. Todos, salvo ella y su madre y tal vez el “ingeniero”, probable delator, están muertos.


2 comentarios:

  1. Esta es una excelente novela. Me encanta y más cuando un día como hoy podemos decir que recuperamos 128 nietxs y vamos por mas!

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  2. Muy interesante e importante obra,para tenerla en cuenta!

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