martes, 24 de julio de 2018

Nunca más 
sábato

Nunca más, informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Es un libro que recoge (y adapta el formato) el informe emitido por la CONADEP respecto a las desapariciones ocurridas en la Argentina durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). 
Es conocido también con el nombre de: Informe Sabato, puesto que fue el escritor Ernesto Sabato, quien presidió la comisión que lo entregó el 20 de septiembre de 1984 al entonces presidente, Raúl Alfonsín. 
El título Nunca más fue propuesto por Marshall Meyer debido a haber sido el lema utilizado originalmente por los sobrevivientes del Gueto de Varsovia para repudiar las atrocidades del nazismo.  
El libro inspiraría la publicación de un informe similar en Brasil un año después con nombre similar: Brasil: Nunca Mais.
La comisión fue creada por el mencionado presidente el 15 de diciembre de 1983. El objetivo era esclarecer los hechos sucedidos en el país durante la dictadura militar instaurada desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. Su misión fue la de recibir documentos y denuncias sobre las desapariciones, los secuestros y las torturas acontecidos dentro de aquel período a manos del régimen, y generar informes a partir de estos. 
Debido a la enorme documentación recogida por la Conadep, el informe sostiene que los derechos humanos fueron violados de manera sistemática y orgánica por la represión estatal, con similares secuestros e idénticos tormentos, utilizando una metodología del terror planificada cuidadosamente por los altos mandos de las Fuerzas Armadas, rechazando así la posibilidad de que se hubiera tratado de "excesos" por parte de algunos individuos.
El informe explica que la comisión repudia el terrorismo en general pero que su misión no es la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte de los desaparecidos, llegando a la conclusión de que la desaparición de personas existió, que no fueron casos aislados, y que se pudo presentar una lista completa con los datos exactos de 8961 desaparecidos, advirtiendo que «es inevitablemente una lista abierta», y que «muchas desapariciones no habían sido denunciadas, por carecer la víctima de familiares, por preferir estos mantener reservas o por vivir en localidades muy alejadas de centros urbanos».

"El banquete de Severo Arcángelo", de Leopoldo Marechal.


Banquete
Leopoldo Marechal, gloria de las letras hispánicas de todo tiempo, supo reconocer su doble destino de poeta y de maestro. Su inclinación didáctica, que lo relacionó con la niñez durante muchos años, se entrelazó íntimamente con su vocación poética, como lo prueba la valiosa obra que desplegó en distintos géneros: poesía, novela, cuento, drama, epístola, ensayo. Desprovisto de empaque y solemnidad, se convirtió en un clásico argentino, un maestro nacional y universal.
Tres novelas dio a conocer en vida, si bien la última de ellas apareció publicada un mes después de su muerte: Adán Buenosayres (1948), El Banquete de Severo Arcángelo(1965) y Megafón, o la guerra (1970). Las relaciones que se tienden entre ellas permiten hablar de una trilogía novelística, sin ignorar que acaso entre sus papeles inéditos puedan hallarse otras novelas concluidas o no.
La narrativa tentó al poeta desde el comienzo de la década del 30, cuando según propia confesión inició los borradores de su primera novela. En esos años desplegó una amplia y reconocida actividad poética que le valió los premios literarios más importantes del país. A partir de 1943 inició una etapa de compromiso político, que no obstruye sus preocupaciones filosóficas ni desvía la orientación mística de su alma. Al publicarse Adán Buenosayres, su compromiso político con el peronismo lo había aislado ya de muchos de sus pares. Él mismo se definió, a partir de 1955, como "poeta depuesto".
Es en estos años de recogimiento cuando empieza a escribir su segunda novela, de auspiciosa recepción, aunque a veces ha sido injustamente subestimada por comparársela con el inimitable Adán Buenosayres. Sin embargo, El Banquete de Severo Arcángelo es una novela perfecta en su género e intencionalidad: se revela como obra de honda meditación espiritual y contenido histórico a la luz de la teología cristiana, con una construcción originalísima y un lenguaje pleno, que aborda todos los tonos imaginables. Su mensaje, luego de 47 años desde su publicación, se revela actualísimo y de urgente aplicación, como si el tiempo hubiese trabajado a su favor.
El escritor expone su compromiso personal y lo inserta en un contexto más amplio: el tránsito de su pueblo hacia la redención histórica y transhistórica, reafirmando su condición de cristiano militante, cuya visión de la historia trasciende hacia un horizonte teológico. Más aún, ve la política como un juego que viene a inscribirse en el Gran juego Universal, y ello no le impide tratarlo con humor y piadosa comprensión de lo humano. Por su capacidad de reinterpretar la historia inmediata en clave teológica, y su desenfado para el tratamiento de temas tan levantados, se constituye en precursor del ciclo novelístico llamado "boom latinoamericano". Marechal es un creador de la llamada “nueva novela” y aún de la nueva novela histórica plasmada en el final del siglo.
El Banquete de Severo Arcángelo sigue la línea maestra de Cervantes, que instala definitivamente el juego ficcional sobre el entramado del realismo histórico, y traslada lo épico a lo cotidiano creando una épica cómica. Si es posible hallar un modelo de estas páginas en Cervantes, no lo es menos en los Diálogos de Platón, infinitamente leídos por el poeta, y en textos bíblicos. Marechal aplica el método de la recapitulatio o enlace de imágenes que es típico de la literatura apocalíptica. Según el Padre Castellani existe un género de las Apocalipsis judías, relatos de carácter simbólico que entrelazan alegorías y alusiones históricas dentro de una intencionalidad revelatoria y crítica. Su tendencia a la alegoría y la concretización de los procesos espirituales lo lleva a enlazar en un hilván narrativo instancias que son en sí mismas parábolas o ejemplos de una inagotable enseñanza
El lector tiene en sus manos una historia simple y sugestiva: en su lecho de muerte, y en jueves Santo, Lisandro Farías siente la necesidad de exponer los aspectos fundamentales de su vida: quién soy y por qué me dejé ganar por la empresa del Viejo Cíclope. Nos será dado asistir al periplo de conversión y participación en un plan salvífico, vivido por un héroe de textura innegablemente autobiográfica y arquetípica como lo es Lisandro Farías, de nombres familiares a todo lector de Marechal: Lisandro, personaje de Antígona Véléz; Farías, el domador, hombre de la llanura. Su trayecto, conversión e iluminación es el eje narrativo de la obra. Completará su viaje, que incluye un paso por zonas infernales, en el acceso a la Zona Vedada donde el hermano Pedro lo inserta en una cruz pintada en la pared.
Sólo una formidable operación de intranautas puede salvar a la humanidad de la destrucción, la bestialización, la vida mecánica, la pérdida de objetivos trascendentes.
Y para Marechal es la Argentina esa llanura de plata destinada a reflejar el oro celeste, la tierra postrera signada para el sacrificio y la redención. En algún rincón de la Patria -o de nuestro corazón- se esconde la mítica Cuesta del Agua, fuente de la vida, donde nacen los ríos del Paraíso. He aquí su mensaje, oportuno para ser escuchado en tiempos que anunció como de nigredo alquímica, de oscuridad e incertidumbre.

"Pedro Páramo", la obra maestra de Juan Rulfo

En el 60 aniversario de ‘Pedro Páramo’ un conjunto de ensayos busca nuevos ángulos sobre un libro tan sucinto como inagotable.

Rulfo
En 1974, en una entrevista en Caracas ante un auditorio lleno de estudiantes, Juan Rulfo dijo: “A Pedro Páramo yo le quité muchas páginas, como unas 100 páginas, pero después ni yo mismo lo entendí”. Este año se cumplen seis décadas de la publicación de su obra maestra y el enigma sobre el que bromeaba el genio mexicano, fallecido en 1986, sigue vigente. En Pedro Páramo, 60 años, editado por RM y la Fundación Juan Rulfo, 18 académicos ensayan nuevas perspectivas de análisis sobre un libro tan sucinto como inagotable.

Se ha ligado la complejidad de Rulfo a su infancia (huérfano a los diez, enviado por sus abuelos a un internado) o directamente “a un don”, “a un puro milagro”. Pero él dejó dicho, según cita uno de los estudiosos, que lo decisivo en su formación fue tener acceso a la biblioteca del cura de su pueblo, Ireneo Monroy, quien se llevaba libros de las casas con la excusa de ver si estaban permitidos, “pero lo que hacía en realidad era quedarse con ellos”. “Las novelas de Alejandro Dumas, las de Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, Sitting Bull”.

La erudición es una de las explicaciones de la profundidad de Rulfo. En los años cuarenta estudió tanto a Rainer Maria Rilke que transcribió de puño y letra partes de sus Elegías de Duino. En el libro se apunta una especial relación con Melodía del amor y muerte del corneta Cristóbal Rilke, cuyo “Cabalgar, cabalgar, cabalgar. Durante el día, durante la noche, durante el día”, recuerda en Pedro Páramo a “Los caños borbotaban, hacían espuma, cansados de trabajar durante el día, durante la noche, durante el día”.

Detrás de su novela también hay mucho conocimiento de geografía e historia de México. “La toponimia antigua le apasionaba”, escribe Víctor Jiménez, director de la Fundación.
Un ensayo relaciona Pedro Páramo con la Teoría estética de Theodor W. Adorno, otro con el poeta romántico Jean Paul Richter. Otro detalla que ha encontrado en el libro “145 frases lapidarias” y las divide en “máximas, vaticinios, juicios y sentencias”. Una investigadora de la Universidad de Tokio establece una conexión con el teatro japonés noh. Un académico de Utah cuenta la historia de John Gavin, un galán de Hollywood que intepretó al cacique Pedro Páramo en la primera adaptación cinematográfica del libro, fracasó y años después fue nombrado embajador en México por Ronald Reagan.

Pedro Páramo es un relato rural en el que hablan los muertos. Un ensayista menciona la “aparente paradoja de su realismo e irrealismo a la vez”. Otro, que no se puede leer “como historia de fantasmas o, de manera un tanto más neutral, siquiera como relato fantástico”. La breve obra, unas 100 o 150 páginas según la edición, es un pozo conceptual y una mina abierta de belleza. En uno de los textos se define al prosista Rulfo como “el poeta mexicano más importante del siglo XX”, entre otras cosas por la materialidad sonora de su escritura: “La cama era de otate cubierta con costales que olían a orines, como si nunca los hubieran oreado al sol”. Una académica recalca el uso del “como si”. “Como si estuviera abandonado”. “Como si no existiera”. “Como si no tuviera sangre”. “Como si escuchara algún rumor lejano”. “Como si estuviera viendo saltar cabras”.

Otro aspecto llamativo de la obra es la ausencia de personajes indígenas. Sólo aparecen una vez, cuando bajan a Comala a vender sus hierbas. “Los indios llegan bajo la lluvia y se van bajo la lluvia”, dice el ensayista que aborda el tema. Rulfo sólo escribió tres libros en toda su carrera, en los años cincuenta, y el resto de su vida lo dedicó al Instituto Nacional Indigenista, donde se encargó de editar una de las colecciones más importantes de antropología contemporánea y antigua de México, pese a que nunca escribió sobre los indios. “Su mentalidad es muy difícil de penetrar”, dijo. Rulfo no fue capaz de conocer a los indios. Los estudiosos tampoco llegarán a conocer a Rulfo, aunque seguirán intentándolo.