Es una novela que relata la vida de un niño y su madre desaparecida en los años 70.
Con la última dictadura militar como escenario, y sin ser autobiográfica, el autor busca transformar el enojo de haber perdido a su madre cuando era pequeño para pensar y reflexionar.
El narrador cuenta todo lo que la madre no podría narrar en un campo de concentración ni en los tribunales: el testigo-narrador no recuerda para evocar la vida de una víctima sino para hacer existir a su madre bajo la luz de su mirada amorosa, con la precisión de sus metáforas, la misa a las pequeñas cosas. Con una prosa finísima y una morosidad de detalles propia de la letanía pero también del poeta, Julián López escribió un libro que Pittella calificó de "inolvidable".
Y agregó: "La novela está plagada de referencias de Buenos Aires, para los que tenemos entre 40 y 50 es increíble. Son historias necesarias de volver a contar, porque mantienen viva la memoria pero con las adaptaciones de tiempo".

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